El 29 de mayo, la Dra. Alejandra Rosarossa, conductora del podcast denominado Phoenix Mundi –programa cultural internacional de entrevistas y comentarios, producido en Arizona (EE. UU.) en los estudios de FEZAM, Cultural Center–, realizó una entrevista al Dr. Daniel Altamiranda, presidente del CEN. Durante la misma se trataron distintos temas relacionados con nuestras actividades y publicaciones, y en particular nuestra próxima actividad, el XI Simposio de Narratología que se llevará a cabo en septiembre en Buenos Aires. A continuación, el video de la entrevista.
Fundado en 1993 por la Doctora Mignon Domínguez de Rodríguez Pasqués, reúne a colegas de la Argentina y del exterior en torno de esta disciplina.
viernes, 7 de junio de 2024
sábado, 11 de mayo de 2024
XI Simposio Internacional de Narratología: Inscripción
El Centro de Estudios de Narratologia informa a los interesados en participar del XI Simposio Internacional los detalles de la inscripción que figuran a continuación:
sábado, 20 de abril de 2024
Presentación: Estéticas del Desborde en el siglo XXI
Tenemos el agrado de extender la invitación a la presentación del libro Estéticas del Desborde en el siglo XXI, el próximo martes 23 de abril a las 18h, en Talcahuano 1261, CABA
martes, 26 de marzo de 2024
Reseña de Arboleda. Una novela del territorio, por Diana B. Salem
Arboleda. Una novela del territorio. Esther Kinsky[1].
Cáceres: Periférica, 2021, 329 páginas. Del original: Hain.Geländeroman .SuhrkampVerlag Berlín, 2018. Traducción de Richard Gross.
Diana B. Salem
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| Portada de Arboleda. Una novela del territorio de Esther Kinsky |
Quizá la finalidad misma de este libro sea restituir
el orden que la vida nos impone. Texto inusual, no pretende dar cuenta de una
vida o una muerte, sino representar, a través de la mirada,el paisaje, la
naturaleza y el mundo que se desarrolla alrededor; arboledas de abedules,
campanadas lejanas, caminos pedregosos hacia el cementerio, vecinos indolentes
de espacios situados al margen de las
grandes ciudades, modestísimos a veces pero jamás anodinos.
De género indescifrable, en una frontera literaria indecisa,
se subtitula Novela del territorio, pero comparte las características
del diario, las memorias, la literatura del viaje, y la narradora apenas se
esconde detrás de la escritora Esther Kinsky. Más que una ficción, podría definírsela como
una experiencia de lectura.También podría llamarse literatura hodopórica,
designada con un término griego que combina experiencias personales con datos
geográficos y del ambiente vinculados con el viaje.
El libro comienza y finaliza con dos textos en
bastardilla. En el primero:vii/ morţi se
describe un rito de las iglesias rumanas en donde los creyentes encienden las
velas: el lado izquierdo alberga las velas para los vivos, el lado derecho,
para los muertos. Con gesto resignado, los dolientes sacan la vela del lado
izquierdo y la trasladan a la derecha cuando sus allegados mueren. Uno designa
el espacio para la esperanza, el otro, para la memoria, y ese gesto es para la
autora “el mudo cumplimiento de una regla” (12).
De este modo se introduce al lector en el motivo de la travesía que se transforma en relato: dos meses y un día después delentierro de M. la narradora emprende el viaje a Italia planeado con M.y se instala en Olevano, un pueblo a 45 km de Roma donde el tiempo parece estático y su mirada transcurre entre los abedules y el cementerio, el mercado de los lunes o simplemente permanece de pie, frente a la ventana en los días de lluvia, con una vista casi panóptica del pueblo, y la comprensión de la extraordinaria vida que circula alrededor de la muerte. Es un viaje en tres etapas al modo de un tríptico religioso de las pinturas italianas, con sus habitantes, sus tiendas de flores que luego se marchitan en los montones de basura de los cementerios, los pájaros que buscan incansablemente entre la hierba y los olivares, y el trasiego de los africanos hurgando el piso en busca de colillas o cajas de pizza con los bordes desechados. Al comienzo de esta primera parte, un epígrafe de Pier Paolo Pasolini: “I plans un mond muart./Ma i no soj muart jo ch' i lu plans” (Lloro un mundo muerto./ Pero yo, que lloro, no estoy muerto) señala una ausencia que había sido impensable mientras hubo presencia. Y este contrapunto marca la atmósfera del texto que la autora puede capturar con el lenguaje, un tono marcado por el duelo. Casi no hay referencias a M.del que ya no queda siquiera su ropa con su olor, robados desde el primer día del auto de la narradora porque es ese paisaje invernal la prueba del lento aprendizaje del dolor: “Cuando, después de vagar sobreel paisaje, mi mirada se fijaba en mis manos posadas en el alféizar, creía ver, debajo de ellas y entre mis dedos, las manos de M., blancas, delgadas y longilíneas, sus manos moribundas, tan distintas de sus manos vivas, luciendo bajo las mías, como en una imagen de doble exposición” (52). La topografía es esencial para quien elige los espacios al margen que dejan una huella y los transforma en otro lenguaje, otra representación del mundo: “Mi primer paseo por el Corso Ercole I me borró los mapas imaginados que llevaba en la cabeza. El pavimento desigual parecía querer grabarse en las plantas de mis pies como una escritura palpada” (234). Prueba de su caminata son las imágenes captadas por su cámara mientras deambula como prodigiosa retratista porque prefiere mostrar en lugar de describir. El lenguaje a veces desborda de conocimientos sobre los pájaros, las piedras, los árboles o los fenómenos atmosféricos, y es de una increíble riqueza tanto visual como verbal. No hay diálogos ni intriga, transmutados ambos en un modo preciso de narrar, a través de una exacerbación de los sentidos que amplía la percepción de una geografía tan bella como la italiana, aun cuando se describan tumbas, cementerios y entornos desolados.
La autora es, sin duda, una traductora, y eso se
percibe en el peso cierto que da a cada palabra, cómo el lenguaje estructura el
texto y permite hacer asociaciones vinculadas a los signos ortográficos o
estructuras gramaticales. Así, una
maquinaria mira al cielo como “un signo de puntuación estampado prematuramente,
pues no hay frase que siga”, otro, “aglutina un conjunto de pequeñas palabras que
hacen las veces de tejado” (228), una bandada de palomas es una “escritura de
puntilleo oscuro, que muda en un garabato”, y debajo de toda esa caligrafía hay
“una frase que se dirige a la llanura”, la frase es también, “una pequeña
excusa que susurra el río” (229).
La parte central del texto o segunda del tríptico se
desarrolla en Lombardía, Chiavenna. Un recuerdo del padre de la narradora, apasionado
por Italia y la cultura etrusca, la remiten a su adolescencia y a las
vacaciones familiares de otra época, por lo cual, ya adulta, recorre y desanda
los caminos intentando encontrarse con una Italia muy alejada de los recuerdos
de su niñez. Fotografías que lo retratan,
sus lecturas en voz alta en un italiano que ella no comprendía, su fascinación
por el color azul de los ropajes de los cuadros de Fra Angelico y la noticia de su
muerte: “Vacilando junto al teléfono resonante, contemplaba los toscos cuerpos
de los aviones que descendían del cielo caliginoso sobre el aire azulado sobre
las casas”. “Las malas noticias son tijeras o cuchillos filosos que parten la
película del mundo” (149).
El recorrido por Italia proviene de una vieja
tradición alemana donde se concentraban
los valores formativos de las personas cultas, que mostraban fascinación por el
país y los relatos de viajes. En el caso
de Goethe y su Viaje a Italia,la escritura de sus impresiones viajeras parten
de un diario, cartas, anotaciones y muchas veces de su imprecisa memoria, y
relatan sobre todo las glorias artísticas, los palacios y las ruinas del arte
clásico. El viaje que propone Kinsky, por su parte, no tiene la misma motivación que el
viaje de Goethe. A través del relato, puede aprisionar la atmósfera sin siquiera
nombrar las ausencias, con la capacidad extraordinaria de convertir un trayecto
de experiencia estética en la posibilidad de comprender, a través de la vida
que circula a su alrededor, la muerte.
La muerte está en todas partes y marca el
desasosiego que el paisaje invernal impone a la narradora para sobrevivir a la
extrañeza del lugar y de su estado: “Por la tarde encontré un pájaro muerto en
el estrecho balcón de la casa, desde el cual alcanzaba a ver el cementerio pero
no el pueblo” (43). “Aguardé hasta el crepúsculo y, cuando en el cuarto de la
casera empezó a parpadear la televisión, enterré el pájaro entre los olivos que
había por debajo de la terraza” (44),
La tercera parte, Comacchio, se desarrolla algún
tiempo después de la primera, durante otro enero, cuando la narradora transita la
región de las salinas del delta del Po. Esa recorrida por pequeños y
silenciosos pueblos donde siempre hay un pájaro muerto y una fotografía que
señala los límites de un mundo que ya no existe, no marcan la unidad del relato,
dada por la muerte y lo que queda en los resquicios de la memoria: recuerdos que
habían permanecido “arrinconados”, formando
parte de algunos momentos que por situaciones inesperadas reaparecían: “Había
aprendido a marcharme, a borrar
huellas, a guardar lo acumulado y recolectado, a establecer en la memoria una
imagen de espacios interiores que nunca llegaría a imprimirse” (313). En el relato llamado “Negativo”, la
narradora guarda los rollos de sus películas porque se dispone a partir y
encuentra un pequeño sobre con un soporte para negativos y ve a contraluz la
figura de M. sonriente mientras recuerda el momento en que ella había hecho las
tomas. Sosteniendo las películas se entrega al recuerdo de un momento,
probablemente feliz, de un breve capítulo de su vida con M. que allí “volvía a
abrir sus páginas” (316). Esa leve señal muestra,
probablemente, cómo el yo intenta restaurarse, pese a los tonos grises, la
oscuridad demasiado profunda, “todo era
un lenguaje nuevo que había que aprender” (273)
El último texto en bastardilla, con el que finaliza
el libro es “Lamentatio”, un cuadro, una predela tripartita que
Fra Angelico había pintado, donde describe la misa de difuntos de Francisco de Asís, que repite la idea inicial: centrado
en la muerte que ocupa el mayor espacio, a su izquierda está la vida, a su
derecha el duelo. La autora relata en el
cuadro la impotencia de los monjes frente a un cuerpo que ya no existe. Ante la
imagen de la aflicción, nadie repara en un triángulo azul, ese preciado y
deslumbrante lapislázuli está allí como una pequeña referencia testimonial que le
recuerda a la narradora su infancia pero que no alcanza para mitigar el dolor
porque “en vano y a duras penas se extrajo y se convirtió en polvo, pues no
llega a brindar consuelo a la comunidad de los dolientes” (329).
Es probable que el título en español no exprese fehacientemente
la idea original: Aunque no cuestionamos la validez de una tarea tan compleja
como ambigua como lo es la
traducción de un título que refleje un
significado temático que pueda advertirse al leer un texto, Hain[2],
más que una arboleda designa un bosque
sagrado asociado antiguamente a una
deidad, un templo, y es justamente esa idea la que se desprende del libro
de Kinsky, la de estar durante todo su
viaje recorriendo un santuario cargado de naturaleza, un espacio intermedio necesario
para atravesar el duelo. Es preciso
consignar también que Hain es un vocablo utilizado en poesía.
Este no es un libro para lectores apresurados o
deseosos de encontrar en sus páginas una historia con un comienzo y un final; por
el contrario, el deambular de la narradora por Italia transcurre casi discretamente,
fortalecido con la potente presencia de las palabras, de la sensualidad del lenguaje. Uno de los rasgos más atractivos de
la prosa de Esther Kinsky es su fuerza comunicativa y esa hipersensibilidad que
brota permanentemente, lo que le añade una dimensión humana necesaria para identificarse
con el lector.
[1]Poeta
y traductora del polaco, inglés y ruso, se la considera una de las prosistas
más destacadas en lengua alemana con
solo tres novelas publicadas: Am Fluss, con la que obtuvo los premios
Adelbert von Chamisso (2016), Franz Hessel (2014), Kranichsteiner Literature
(2015) y SWR (2015); con la segunda: Hain.Geländeroman (Arboleda), el
premio de la feria del Libro de Leipzig
(2018) y el Dusseldorf Literature Prize,el mismo
año. La última novela, Rombo(2023),
acaba de traducirse al español.
[2]Agradezco a la Dra Adriana Cid, especialista en lengua y literatura alemana el haberme
proporcionado una traducción que escapa a los diccionarios y que proviene de su
profundo conocimiento de la materia.
jueves, 14 de marzo de 2024
Reseña de El camino de Dante. Introducción, comentarios de los cantos y temas del Purgatorio de la Divina Comedia. Por Daniel Del Percio.
Reseña
de El camino de Dante. Introducción, comentarios de los cantos y temas del
Purgatorio de la Divina Comedia, de Daniel Alejandro Capano. Buenos Aires:
Biblos. ISBN: 978-987-814-189-3, 365 pp.
Daniel Del Percio
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| Portada de El camino de Dante. Introducción, comentarios de los cantos y temas del Purgatorio de la Divina Comedia |
Acaso no exista otro poema más múltiple que La
Divina Comedia de Dante Alighieri. Cada uno de sus cien cantos posee en sí
una suma de significados y de lecturas comparables a un libro. Puede que sea lo
más similar en el mundo real al fantástico “Libro de Arena” borgesiano.
Estas consideraciones están muy presentes en todos
aquellos autores que han buscado escribir sobre la obra del poeta florentino.
Saben que aproximarse a ese mundo es un camino arduo, y que, de llegar a
destino, será en realidad apenas una etapa, que el propio investigador, o tal
vez otro, deberá continuar. Infinitamente.
El adverbio no es exagerado. Como sugiere Italo
Calvino, un clásico es aquel que constantemente se quita de encima el polvo de
la crítica. Esto vale para Homero, para Virgilio, para Shakespeare o Cervantes.
Para Dostoievski. Sin duda, para Dante.
El Doctor Daniel Alejandro Capano, consumado
italianista y narratólogo, y especialista en literatura comparada, comprendió
este problema con claridad cuando titulo a su serie de libros sobre La
Divina Comedia como El camino de Dante. Porque este camino es del
florentino, pero también de todo autor que escriba sobre el florentino. Y de
nosotros, sus lectores. Siempre estaremos en camino. Lo importante, y que
Capano consigue con creces, es cosechar los frutos de ese viaje.
Daniel Alejandro Capano es doctor en letras por la
Universidad del Salvador, y Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos
Aires. Sin detenernos en sus numerosos artículos y ensayos, creo importante
enumerar aquí sus libros. Ha publicado una auténtica biblioteca sobre autores
italianos. Entre sus títulos, podemos mencionar El errático juego de la
imaginación: la poética de Antonio Tabucchi(2007), Dino Buzzati, una
metafísica de lo fantástico (2015), Sicilia en sus narradores
contemporáneos (2011), y una serie de textos sobre narratología y
comparatística, como ser Constelaciones textuales: escritos de literatura
comparada (italianística) (2009), Campos de la narratología: teoría y
aplicación (2016, Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores) y Del
texto al metatexto: estudios de literatura italiana y comparada
(2018). Esta obra, tan variada como
sólida, continuó en 2021 con la primera entrega de El camino de Dante,
volumen dedicado al Infierno dantesco. Y en 2023, el título que nos ocupa,
dedicado enteramente al Purgatorio.
Imitando en cierto modo el recorrido dantesco, no
podemos dejar de mencionar aquí el primer texto de la serie, dedicado al reino
del dolor y la perdición. Por demás valiosa y escrita a la vez con rigor y con
amenidad, no obstante resulta, comparada con esta segunda entrega, una obra más
acotada, en cuanto trabaja diferentes líneas de análisis y un estudio minucioso
de algunos cantos paradigmáticos, como ser el de Paolo y Francesca (V), el de
Pier della Vigna (XIII) o el de Ulises (XXVI), entre otros. Por el contrario,
este volumen, dedicado al reino de la purgación, parece escrito con la
intención de abarcar todos los aspectos posibles de la obra (tarea que el
propio autor considera imposible, pero escribir sobre Dante es, como
mencionamos, cargar con una tarea potencialmente infinita). Este es quizás el
rasgo más significativo del libro: cómo Daniel Capanose posicionó con respecto
a la obra total de Dante, y el recorte tan particular que hizo. Diría, y temo
no pecar de falta de rigor al afirmarlo, que la esperanza es el motor no solo
del florentino, sino de nuestro autor. Encontrar la multiplicidad de esa
esperanza entre la muchedumbre de almas que habitan este reino, su riqueza, su
dolor y su alegría, desde la mirada siete siglos más moderna y siete siglos más
antigua que Capano posa sobre el texto del summo poeta, es la tarea que subyace
a la crítica literaria. Porque ante Dante somos modernos, pero también poseemos
esa alegría de descubrir lo nuevo de las posibilidades de la vida y la
redención, que acaso la modernidad ha olvidado. Consciente de esta paradoja, el
autor desarrolla en la introducción, que ocupa casi once páginas y que es mucho
más que una somera descripción del segundo reino, una caracterización
filosófica y moral de los valores que se despliegan en el Purgatorio,
destacando la mansedumbre, la comprensión, la búsqueda y el esfuerzo. Y
significativamente, señala la mayor presencia de almas femeninas (Pía de
Tolomei, Santa Lucía,Matelda, la mismísima Beatriz) como componente clave de
ese nuevo registro tonal. Porque, y evidentemente, esto es también una sutiliza
de ambos autores (poética en el florentino y analítica en el argentino), la Divina
Comedia no es solo una inmensa polifonía, una gran estructura coral donde
todos parecen tener voz, sino también una bien graduada multiplicidad tonal,
donde la voz femenina determina en buena medida la riqueza del Purgatorio. A
esta forma de pensar y escribir el Purgatorio no es ajena la experiencia de
Capano a lo largo de múltiples Lecturas Dantis, que dictó en diferentes
ámbitos, en especial en la Asociación Dante Alighieri de Buenos Aires, donde he
tenido la oportunidad de escuchar sus clases en más de una ocasión.
La estructura formal del libro consiste en seis
partes.Además de un Prólogo (y una dedicatoria a una muy querida italianista
argentina, Silvia Breccia), unaIntroducción,
el estudio del purgatorio en sí, dividido en tres partes (Antepurgatorio, Purgatorio
y Paraíso Terrenal), y Temas (ideas transversales a toda la obra de Dante).
Pero también podríamos describirla como una estructuratripartitabien
equilibrada: la introducción, de la que ya hablamos, la descripción y análisis
de cada uno de los 33 cantos del Purgatorio (estructurada a su vez en los tres
segmentos ya descriptos), y el desarrollo de cuatro temas de investigación, que
incluye una sugerente discusión sobre uno de los enigmas de la obra. Estos son:
El constructo imagine e imaginativa en Dante; Virgilio: los roles
colaterales del guía; Matelda y sus múltiples referentes; y El enigma del DXV.
Cada uno de ellos ilumina sobre materias más bien transversales a la obra,
antes que a problemas puntuales.Complementan el libro una serie de gráficos sobre
el Purgatorio y la estructura general de la Divina Comedia, y una
extensa y rica bibliografía.
Sería imposible reseñar cada uno de estos segmentos.
Pero podemos detenernos brevemente, a modo de esbozo, en dos capítulos muy
significativos: el análisis del canto XVII (dedicado al pecado de la acedia y
la “mitad del viaje” de Dante), y el estudio sobre la profecía del DXV.
Al canto XVII Capano dedica ocho páginas, uno de los
más extensos, superado solo por unos pocos, como el estudio del canto IX (mucho
más rico en acciones) y los cantos finales, con sus complejas alegorías sobre
la historia de la Iglesia Cristiana. El desarrollo de este capítulo sigue la
pauta de todos los otros: ubicación del canto dentro de la estructura moral y
física del Purgatorio, descripción de las acciones, e interpretación. Pero
además viene acompañado por un muy preciso empleo de notas al pie, que complementan
lo anterior con sugerentes reflexiones. Cito una de ellas (la 11.) para tomar
nota del modo en que Capano reflexiona poética y narratológicamente sobre la
obra:
La insistencia con que Dante evoca al lector en
diferentes momentos del texto me ha movido a preguntar cuál fue su lector
ideal, aquel capaz de colmar sus expectativas. Si bien cada escritor forma a su
lector, se impone indagar cómo configuró Dante al suyo. Tiendo a pensar que lo
representó en su portentosa imaginación como un lector sagaz en descubrir sus
estrategias enunciativas, que, hermanado con su pensamiento, haya sentido sus mismas
emociones, sus mismos gozos y temores, se haya conmovido ante las epifanías
narradas y haya sufrido empáticamente sus experiencias catárticas. No obstante,
juzgo que tal receptor se fue formando a través de los siglos de lectura de su
obra. En el plano de las hipótesis, con escasas dudas, sospecho que estas
serían sus metas al escribirla; pero la confirmación no es posible, se adensa
en la bruma del tiempo; solo queda el testimonio de su Comedia. (Capano,
2023, p. 162)
La cita refleja un problema de carácter narratológico dentro de un problema
poético que es, a la vez, un tema de italianística. Y el cierre es, en
definitiva, una resolución poética.
El enigma del DXV, en boca de Beatriz en el canto
XXXIII, es, junto con la profecía del Veltro del canto I, enunciada por
Virgilio, tema de análisis del último estudio particular del libro. Capano
señala y profundiza este vínculo, al establecer además una suerte de “lectura
circular” del enigma entre las dos primeras cantigas, las que, de diferentes
formas, están atravesadas por el problema del mal en el mundo. El autor explora
múltiples teorías para explicar el misterio de ese anagrama, pero (y quizás, en
línea con la búsqueda de ese lector “ideal” al que nos referimos antes)
menciona particularmente la de DVX (anagrama de DXV) como “Dante
veltroXristi” (Dante, mastín de Cristo), interpretación a la que considera
un tanto arbitraria, pero curiosa e incluso fascinante como para pensar
ficcionalmente.
De todos modos, no debemos confundir la descripción
de un libro con su riqueza. Esta breve reseña es apenas un esbozo para
acercarnos a un texto que no dudo en calificar de fundamental para los estudios
dantescos en español, ya que llena un espacio huérfano para nuestros teóricos. Un
libro en donde asoma no solo la rigurosidad del italianista, del narratólogo y
del comparatista, sino la claridad y riqueza de matices del profesor al que a
su larga experiencia ha sumado entusiasmo y frescura. Como si su lectura,
profundísima y minuciosa, fuera también, y citando a Italo Calvino, una lectura
de juventud y de descubrimiento.


