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martes, 26 de marzo de 2024

Reseña de Arboleda. Una novela del territorio, por Diana B. Salem

Arboleda. Una novela del territorio.  Esther Kinsky[1].

Cáceres: Periférica, 2021, 329 páginas. Del original: Hain.Geländeroman .SuhrkampVerlag Berlín, 2018. Traducción de Richard Gross. 

Diana B. Salem

 

Portada de Arboleda. Una novela del territorio
de Esther Kinsky

Quizá la finalidad misma de este libro sea restituir el orden que la vida nos impone. Texto inusual, no pretende dar cuenta de una vida o una muerte, sino representar, a través de la mirada,el paisaje, la naturaleza y el mundo que se desarrolla alrededor; arboledas de abedules, campanadas lejanas, caminos pedregosos hacia el cementerio, vecinos indolentes de   espacios situados al margen de las grandes ciudades, modestísimos a veces pero jamás anodinos.

De género indescifrable, en una frontera literaria indecisa, se subtitula Novela del territorio, pero comparte las características del diario, las memorias, la literatura del viaje, y la narradora apenas se esconde detrás de la escritora Esther Kinsky.  Más que una ficción, podría definírsela como una experiencia de lectura.También podría llamarse literatura hodopórica, designada con un término griego que combina experiencias personales con datos geográficos y del ambiente vinculados con el viaje.

El libro comienza y finaliza con dos textos en bastardilla. En el primero:vii/ morţi se describe un rito de las iglesias rumanas en donde los creyentes encienden las velas: el lado izquierdo alberga las velas para los vivos, el lado derecho, para los muertos. Con gesto resignado, los dolientes sacan la vela del lado izquierdo y la trasladan a la derecha cuando sus allegados mueren. Uno designa el espacio para la esperanza, el otro, para la memoria, y ese gesto es para la autora “el mudo cumplimiento de una regla” (12).

De este modo se introduce al lector en el motivo de la travesía que se transforma en relato: dos meses y un día después delentierro de M. la narradora emprende el viaje a Italia planeado con M.y se instala en Olevano, un pueblo a 45 km de Roma donde el tiempo parece estático y su mirada transcurre entre los abedules y el cementerio, el mercado de los lunes o simplemente permanece de pie, frente a  la ventana en los días de lluvia, con una vista casi panóptica del pueblo, y la comprensión de la extraordinaria vida que circula alrededor de la muerte. Es un viaje en tres etapas al modo de un tríptico religioso de las pinturas italianas, con sus habitantes, sus tiendas de flores que luego se marchitan en los montones de basura de los cementerios, los pájaros que buscan incansablemente entre la hierba y los olivares, y el trasiego de los africanos hurgando el piso en busca de colillas o cajas de pizza con los bordes desechados. Al comienzo de esta primera parte, un epígrafe de Pier Paolo Pasolini: I plans un mond muart./Ma i no soj muart jo ch' i lu plans” (Lloro un  mundo muerto./ Pero yo, que lloro, no estoy muerto) señala una ausencia que había sido impensable mientras hubo presencia. Y este contrapunto marca la atmósfera del texto que la autora puede capturar con el lenguaje, un tono marcado por el duelo. Casi no hay referencias a M.del que ya no queda siquiera su ropa con su olor, robados desde el  primer día del auto de la  narradora porque es ese paisaje invernal la prueba del lento aprendizaje del dolor: “Cuando, después de vagar  sobreel paisaje, mi mirada  se fijaba en mis manos  posadas en el  alféizar, creía ver, debajo de ellas y entre mis dedos, las manos de M., blancas, delgadas y longilíneas, sus manos moribundas, tan distintas de sus manos vivas, luciendo bajo las mías, como en una imagen de doble exposición” (52). La topografía es esencial para quien elige los espacios al margen que dejan una huella y los transforma en otro lenguaje, otra representación del mundo: “Mi primer paseo por el Corso Ercole I me borró los mapas imaginados que llevaba en la cabeza. El pavimento desigual parecía querer grabarse en las plantas de mis pies como una escritura palpada” (234). Prueba de su caminata son las imágenes captadas por su cámara mientras deambula como prodigiosa retratista porque prefiere mostrar en lugar de describir. El lenguaje a veces desborda de conocimientos sobre los pájaros, las piedras, los árboles o los fenómenos atmosféricos, y es de una increíble riqueza tanto visual como verbal. No hay diálogos ni intriga, transmutados ambos en un modo preciso de narrar, a través de una exacerbación de los sentidos que amplía la percepción de una geografía tan bella como la italiana, aun cuando se describan tumbas, cementerios y entornos desolados.

La autora es, sin duda, una traductora, y eso se percibe en el peso cierto que da a cada palabra, cómo el lenguaje estructura el texto y permite hacer asociaciones vinculadas a los signos ortográficos o estructuras gramaticales.  Así, una maquinaria mira al cielo como “un signo de puntuación estampado prematuramente, pues no hay frase que siga”, otro, “aglutina un conjunto de pequeñas palabras que hacen las veces de tejado” (228), una bandada de palomas es una “escritura de puntilleo oscuro, que muda en un garabato”, y debajo de toda esa caligrafía hay “una frase que se dirige a la llanura”, la frase es también, “una pequeña excusa que susurra el río” (229).

La parte central del texto o segunda del tríptico se desarrolla en Lombardía, Chiavenna. Un recuerdo del padre de la narradora, apasionado por Italia y la cultura etrusca, la remiten a su adolescencia y a las vacaciones familiares de otra época, por lo cual, ya adulta, recorre y desanda los caminos intentando encontrarse con una Italia muy alejada de los recuerdos de su niñez. Fotografías que lo retratan, sus lecturas en voz alta en un italiano que ella no comprendía, su fascinación por el color azul de los ropajes de los cuadros de Fra Angelico y la noticia de su muerte: “Vacilando junto al teléfono resonante, contemplaba los toscos cuerpos de los aviones que descendían del cielo caliginoso sobre el aire azulado sobre las casas”. “Las malas noticias son tijeras o cuchillos filosos que parten la película del mundo” (149).

El recorrido por Italia proviene de una vieja tradición alemana donde se concentraban los valores formativos de las personas cultas, que mostraban fascinación por el país y los relatos de viajes. En el caso de Goethe y su Viaje a Italia,la escritura de sus impresiones viajeras parten de un diario, cartas, anotaciones y muchas veces de su imprecisa memoria, y relatan sobre todo las glorias artísticas, los palacios y las ruinas del arte clásico. El viaje que propone Kinsky, por su parte, no tiene la misma motivación que el viaje de Goethe. A través del relato, puede aprisionar la atmósfera sin siquiera nombrar las ausencias, con la capacidad extraordinaria de convertir un trayecto de experiencia estética en la posibilidad de comprender, a través de la vida que circula a su alrededor, la muerte.

La muerte está en todas partes y marca el desasosiego que el paisaje invernal impone a la narradora para sobrevivir a la extrañeza del lugar y de su estado: “Por la tarde encontré un pájaro muerto en el estrecho balcón de la casa, desde el cual alcanzaba a ver el cementerio pero no el pueblo” (43). “Aguardé hasta el crepúsculo y, cuando en el cuarto de la casera empezó a parpadear la televisión, enterré el pájaro entre los olivos que había por debajo de la terraza” (44),

La tercera parte, Comacchio, se desarrolla algún tiempo después de la primera, durante otro enero, cuando la narradora transita la región de las salinas del delta del Po. Esa recorrida por pequeños y silenciosos pueblos donde siempre hay un pájaro muerto y una fotografía que señala los límites de un mundo que ya no existe, no marcan la unidad del relato, dada por la muerte y lo que queda en los resquicios de la memoria: recuerdos que habían permanecido “arrinconados”, formando parte de algunos  momentos que por situaciones inesperadas reaparecían: “Había  aprendido a  marcharme, a borrar huellas, a guardar lo acumulado y recolectado, a establecer en la memoria una imagen de espacios interiores que nunca llegaría a imprimirse” (313). En el relato llamado “Negativo”, la narradora guarda los rollos de sus películas porque se dispone a partir y encuentra un pequeño sobre con un soporte para negativos y ve a contraluz la figura de M. sonriente mientras recuerda el momento en que ella había hecho las tomas. Sosteniendo las películas se entrega al recuerdo de un momento, probablemente feliz, de un breve capítulo de su vida con M. que allí “volvía a abrir sus páginas” (316).  Esa leve señal muestra, probablemente, cómo el yo intenta restaurarse, pese a los tonos grises, la oscuridad demasiado  profunda, “todo era un lenguaje nuevo que había que aprender” (273)

El último texto en bastardilla, con el que finaliza el libro es “Lamentatio”, un cuadro, una predela tripartita que Fra Angelico había pintado, donde describe la misa de difuntos de Francisco  de Asís, que repite la idea inicial: centrado en la muerte que ocupa el mayor espacio, a su izquierda está la vida, a su derecha el  duelo. La autora relata en el cuadro la impotencia de los monjes frente a un cuerpo que ya no existe. Ante la imagen de la aflicción, nadie repara en un triángulo azul, ese preciado y deslumbrante lapislázuli está allí como una pequeña referencia testimonial que le recuerda a la narradora su infancia pero que no alcanza para mitigar el dolor porque “en vano y a duras penas se extrajo y se convirtió en polvo, pues no llega a brindar consuelo a la comunidad de los dolientes” (329).

Es probable que el título en español no exprese fehacientemente la idea original: Aunque no cuestionamos la validez de una tarea tan compleja como ambigua como  lo es la traducción  de un título que refleje un significado temático que pueda advertirse al leer un texto, Hain[2], más que una arboleda designa un  bosque sagrado asociado antiguamente a una  deidad, un templo, y es justamente esa idea la que se desprende del libro de Kinsky, la de estar  durante todo su viaje recorriendo un santuario cargado de naturaleza, un espacio intermedio necesario para atravesar el duelo.  Es preciso consignar también que Hain es un vocablo utilizado en poesía.

Este no es un libro para lectores apresurados o deseosos de encontrar en sus páginas una historia con un comienzo y un final; por el contrario, el deambular de la narradora por Italia transcurre casi discretamente, fortalecido con la potente presencia de las palabras, de la sensualidad del  lenguaje. Uno de los rasgos más atractivos de la prosa de Esther Kinsky es su fuerza comunicativa y esa hipersensibilidad que brota permanentemente, lo que le añade una dimensión humana necesaria para identificarse con el lector.



[1]Poeta y traductora del polaco, inglés y ruso, se la considera una de las prosistas más destacadas en lengua alemana con  solo tres novelas publicadas: Am Fluss, con la que obtuvo los premios Adelbert von Chamisso (2016), Franz Hessel (2014), Kranichsteiner Literature (2015) y SWR (2015); con la segunda: Hain.Geländeroman (Arboleda), el premio de la feria del Libro de  Leipzig (2018) y el Dusseldorf Literature Prize,el mismo  año. La última novela, Rombo(2023), acaba de traducirse al español.


 

[2]Agradezco  a la Dra Adriana Cid, especialista en  lengua y literatura alemana el haberme proporcionado una traducción que escapa a los diccionarios y que proviene de su profundo conocimiento de la materia.

viernes, 24 de noviembre de 2023

Modos expresivos del siglo XXI

Compartimos dos fotografías de la presentación de libro Modos expresivos del siglo XXI. Estudios de narratología, editado por Daniel Altamiranda y Diana Salem, que tuvo a su cargo la Dra. Adriana Cid, el pasado martes 21 de noviembre en la Universidad del Salvador. 


Diana Salem, Adriana Cid y Daniel Altamiranda

Público


jueves, 16 de noviembre de 2023

Presentación: Modos expresivos del siglo XXI. Estudios de narratología.

Tenemos el agrado de extender la invitación a la presentación de libro Modos expresivos del siglo XXI. Estudios de narratología, editado por Daniel Altamiranda y Diana Salem, que tendrá a su cargo la Dra. Adriana Cid el próximo martes 21 de noviembre a las 18.30 en Tucumán 1845, aula magna 3º piso, CABA

Informes: uds-letras@usal.edu.ar y extensionfleo@usal.edu.ar 

Enlace para sumarse a través de Zoom: https://usal-edu-ar.zoom.us/j/84371188510?pwd=ZHkwWDJxNGVKemx6QTF6K3VjNlJMUT09




lunes, 3 de julio de 2023

Presentación: La Historia y un instante de Daniel Del Percio

Tenemos el agrado de extender la invitación a la presentación del libro La Historia y un instante de Daniel Del Percio.


En el marco de actividades del Centro de Estudios de Narratología, sus integrantes Diana Salem y María Laura Pérez Gras presentarán el nuevo libro de Daniel Del Percio, La Historia y un Instante, el jueves 13 de julio a las 18.30 en la Facultad de Filosofía, Historia, Letras y Estudios Orientales de la USAL, Tucumán 1845, 3.º piso

Actividad no arancelada con inscripción previa escribiendo a uds-letras@usal.edu.ar 



sábado, 25 de febrero de 2023

Franz Kafka. Los dibujos.

Compartimos el trabajo de Diana B. Salem sobre Kafka y sus dibujos.

Franz Kafka. Los dibujos. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2021, 368 pág.

                                                                       Diana B. Salem

Por complicadas relaciones de propiedad aparecen luego de casi una centuria los dibujos de Kafka, el escritor que más puramente ha expresado el siglo XX según palabras de Elías Canetti. Se trata de toda una colección vedada para el  público, una carpeta de dibujos originales que fueron en gran medida desechados por el autor checo quien deseaba, al igual que su obra escrita, que fueran incinerados sin mirarlos siquiera. Ya se sabe que Max Brod, albacea de Kafka, desoyó e incumplió esos deseos a tal punto que recogía del papelero de su amigo cantidad de dibujos en hojas blancas y otros hechos al margen de escritos jurídicos que Brod se ocupó de recortar y recuperar. Se cree que uno de los motivos, entre otros quizá, fuera el hecho de que los mismos se encontraban en papeles sucios, a veces arrugados, motivo por el cual no fuera adecuada su exposición, puesto que Brod temía hacer el ridículo al exhibirlos tal como estaban. Después de varios intentos fallidos, los únicos dibujos conocidos fueron los incluidos en el Diario de viaje por lo que continuó durante largo tiempo el misterio acerca del talento de Kafka como dibujante. No obstante su reticencia, Brod consideró siempre el valor de esos dibujos, tanto que vendió a un precio simbólico dos de ellos al museo Albertina de Viena en un intento de valorizarlos como obras de arte. Y en su huida de Praga a Palestina, Brod llevó todo el legado y lo entregó en vida a Ester Hoffe, su secretaria, amiga y “colaboradora creativa”, a quien nombró administradora de la herencia y albacea universal y pidió que cediera toda la documentación a la Biblioteca Nacional de Israel, pero ella depositó el material en un banco de Zurich. Después de la muerte de Brod, en 1968, Hoffe olvidó su promesa y vendió algunas cartas y el manuscrito de El proceso, adquirido por un millón y medio de euros por el Archivo alemán de Literatura de Marbach; a su muerte, acaecida a los 101 años en 2009, el legado de Kafka, en manos de las dos hijas de Ester Joffe, fue objeto de un proceso considerado el último acto dramático de una obra caracterizada por la deshumanización y el absurdo, por parte de la Biblioteca Nacional de Jerusalén, a favor de la cual se pronunciaron todos los tribunales, al sostener que el conjunto de la obra debía pertenecer al estado. Desde finales de 2019, la biblioteca cuenta con un catálogo abierto de ciento cincuenta dibujos en distintos soportes: hojas sueltas, márgenes de libros jurídicos, notas impresas y un cuaderno expresamente de dibujos. Junto a bocetos y tachaduras aparecen figuras que marcan la transición entre imagen y texto. También se agregan figuras ornamentales surgidas en el proceso de escritura, algunas caricaturescas y con elementos cómicos. “Mis dibujos no son imágenes sino una escritura privada”, decía. La mayor parte corresponde al período entre 1901 y 1907. Otros, situados en los diarios y cartas van de 1909 a 1924.

El volumen cuenta con ensayos de Andreas Kilcher, Judith Butler y una descripción de los dibujos en un catálogo de Pavel Schmidt. Tiene, por otra parte, un carácter internacional ya que intervinieron en su realización Yale University Press, Biblioteca Nacional de Jerusalén, Archivo de la Literatura Alemana, Biblioteca Bodleiana, Oxford y Museo Albertina, Viena, entre otros.

            Aunque resultaría más cómodo establecer una marcada relación entre dibujo y escritura, el texto de Kilcher intenta instaurar la autonomía gráfica de los dibujos de Kafka, puesto que, si se los considera ilustraciones serían por ende secundarios a los textos y no una genuina forma artística. Es notable cómo, en determinados momentos, el dibujo prevalece sobre la escritura para expresar con mayor fidelidad los sentimientos. Prueba de ello es una carta a Felice Bauer donde el autor checo pretende relatar un sueño, y al no poder verbalizar con precisión de qué manera se encontraban caminando por una calle de Praga, choca con el límite que las palabras le imponen y lo dibuja: “¡Cómo describir la manera en que íbamos en el sueño! Espera, que te lo dibujo. Ir cogidos del brazo es así [Dibujo]. Nosotros, en cambio íbamos así [Dibujo]” (239).


Brod hizo incansables esfuerzos por promover a Kafka como dibujante, tanto, que en 1907 intentó convencer a su editor de que utilizara para la cubierta de su segundo libro Experimentos, un dibujo de su amigo: “Es de un dibujante hasta ahora totalmente desconocido, Franz Kafka, que yo he descubierto. Creo que no podría desear usted una cubierta de mayor valor artístico y al mismo tiempo más efectiva…” (251). Pese a los elogios, el editor no aceptó la propuesta.

Los dibujos posteriores a 1907 se encuentran en relación directa a los textos no ficcionales, diarios de viaje y cartas, lo que habla de una relación más conflictiva que armoniosa entre escritura ficcional y dibujo que de una subordinación de una a otra forma artística. Cuando Kafka publica Die Verwandlung (La metamorfosis) en 1916, el editor desea mostrar una vinculación estética entre la literatura y un arte expresivo, a través de un ilustrador prestigioso en ese momento, Ottomar Starke, por lo que Kafka sostiene enérgicamente que no debía mostrarse el insecto: “¡Eso no, por favor, eso no! El insecto mismo no puede ser dibujado. Ni siquiera puede ser enseñado de lejos.”(269). Ante tal objeción, el editor acepta una puerta abierta sin explicación alguna

Para Kilcher, “la imagen nunca se deja integrar en la escritura, sino que conserva una autonomía física y semántica, incluso una resistencia” (276).

Según el punto de vista de Judith Butler, los dibujos de Kafka “se inspiran en- y salen de- sus escritos” (282). La autora afirma que el cuerpo que dibuja el autor checo se perfila sin gravedad, flotando y sin pisar el suelo. En su planteo, es necesario establecer dónde termina la escritura y dónde empieza el dibujo que no solo ilustra el texto sino que acompaña a la escritura cuando aparece en los márgenes o cuando el texto se detiene.

En el Catálogo descriptivo, Pavel Schmidt habla de los dibujos explicándose siempre a sí mismos e inseparables del soporte, en este caso papel y lápiz, destacando que no tienen fecha, título ni firma.

Como señala Nora Catelli en el Prólogo a los Diarios: “Hay muchos Kafka: el narrador, autor de parábolas e inventor de mundos improbables aunque fatalmente posibles, el escritor de cartas, de aforismos, de diarios” (17). Entre todos estos, añadimos, descubrimos al cartógrafo de Praga, de figuras humanas frágiles, seres en un mundo inestable que parecen desafiar  la fuerza de gravedad, arlequines tambaleantes producto de un artista que trabajó hasta el último día de su vida con influencias del arte japonés, del expresionismo, del realismo según apreciaciones de Max Brod. Para Hannah Arendt, los personajes en Kafka no son verdaderas personas, solo modelos anónimos porque carecen de las características dispersas y únicas que configuran a una persona real (Prólogo, 173-193).

Al contemplar las figuras inestables de los dibujos que recupera este bello libro pueden observarse técnicas de construcción similares a las que enumera Arendt; quizá fueran el medio para comprender ese mundo inaprensible que proyectan sus escritos.

Fig. 41. Abajo: “Peticionario y distinguido otorgador”.

Referencias bibliográficas

Arendt, Hannah. “Franz Kafka, revalorado”. Prólogo, en: Obras Completas I. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 1999.

Catelli, Nora. “Pruebas de haber vivido”. Prólogo en Obras Completas II. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2000.


viernes, 8 de julio de 2022

Geografía de las memorias. Ficciones auto/biográficas, de Diana B. Salem

El Centro de Estudios de Narratología tiene el orgullo de anunciar la publicación de un nuevo libro de nuestra socia fundadora e integrante de la Comisión Directiva, Licenciada Diana B. Salem.

Portada de 
Geografía de las memorias. Ficciones auto/biográficas. 
Diana B. Salem


El nuevo libro de Diana Salem continúa y profundiza las investigaciones realizadas en su anterior El yugo de la memoria. Autoficciones (2012). Como es habitual en la estudiosa, la indagación se realiza con un amplio desarrollo del aparato crítico  actualizado. Geografía de las memorias. Ficciones auto/biográficas posee una línea de investigación que toma como eje la memoria, a través de ella Diana Salem va enhebrando diferentes textos narrativos y líricos de autores como Aurora Bernárdez, Marisa Madieri, María Rosa Lojo, Daniel Del Percio, Arturo Carrera y Paul Valéry, entre otros. También regresa a su antiguo amor: Héctor Bianciotti, de quien analiza su correspondencia como objeto literario, y presenta un interesante y profundo abordaje del teatro como arte de la memoria a través de El cartógrafo de Juan Mayorga.

            Como señala Daniel Capano en el prólogo, el texto se constituye en bibliografía de consulta para los interesados en el tema por la concepción sistemática, su claridad expositiva y su abarcadora visión conceptual.


Contratapa de Geografía de las memorias. 
por Daniel A. Capano





viernes, 9 de noviembre de 2018

Homenaje a los 25 años del CEN por Diana B. Salem

En la inauguración del Noveno Simposio Internacional de Narratología la Lic. Diana Salem homenajeó al CEN a 25 años de su creación. Reproducimos aquí sus palabras.

Cuando me propusieron hablar del Centro de Estudios de Narratología a los 25 años de su creación, pensé de qué manera podría condensarse el recorrido vital e intelectual de un grupo de entusiastas profesores de letras unidos por la pasión hacia la investigación y por la búsqueda de crecimiento de una disciplina que hoy se ha desarrollado y evoluciona en múltiples direcciones. Advertí de inmediato que es imposible comprender la esencia del CEN sin hacer antes una semblanza de quien concibiera y acariciara este proyecto hasta hacerlo realidad: Petrona Domínguez de Rodríguez Pasqués: Mignon.  Cuando la recuerdo, la imagen que me trae la memoria llega acompañada de su voz cantarina y del torbellino de su personalidad, como de la calidez que emanaba de su persona.
         Comenzó su carrera como periodista muy joven, siguiendo los caminos paternos, y la frecuentación con los medios en donde la palabra era herramienta primordial la dotó de un histrionismo tal que fue difícil sustraerse a su encanto. La veo menuda y plena de dinamismo recorrer los pasillos de la facultad con los alumnos detrás, sugiriendo alguna tarea para compensar una inasistencia que jamás consideraba. Y aún oigo su voz modulada entre altos y bajos, relatar alguna anécdota con las que matizaba las clases del Seminario de Literatura Hispanoamericana, al tiempo que proclamaba la necesidad  del trabajo de investigación, de la seriedad en la búsqueda.
         Graduada en Letras  en la Universidad de Buenos Aires con diploma de Honor, Master of Science en Georgetown University y Ph.D. en The Catholic University of America (Washington D.C.) fue, ante todo, maestra. Una maestra siempre atenta a cualquier dificultad que impidiera el camino del aprendizaje.
         Fue profesora en Georgetown University, y Profesora visitante de la PUCRS (Pontificia Universidade Catolica do Rio Grande do Sul, Brasil). Tuvo a su cargo la cátedra de Literatura Brasileña y Portuguesa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y realizó investigaciones en el Romantsches Seminar de la Universidad de Heidelberg. Tanto trabajo y dedicación harían suponer recompensas al mérito en el ámbito de su bienamada Facultad de Filosofía y Letras. Pero como nadie es profeta en su tierra, el reconocimiento vino de Brasil, donde veneraban a la “Doutora Petrona”, como ella misma decía con voz grave que remedaba el acento portugués, al otorgarle, en 2003, el título de Profesora Honoris Causa y, al año siguiente, una distinción otorgada por la “Associacao Brasileira de Semiotica Regional”: la “Commenda Virginius da Gama e Melo”.
         En 1993 fundó el Centro de Estudios de Narratología junto a discípulos e  investigadores en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, que presidió hasta su muerte, en 2005. El Centro, único en Latinoamérica, ha desarrollado una vasta tarea de investigación que incluye 9 simposios internacionales, conferencias,  jornadas de estudio, mesas redondas, publicaciones de libros que suman 12 volúmenes; y la creación de la “Cátedra Julio Cortázar”, en el Colegio Mariano Acosta, entre otras actividades. Es importante destacar que la tarea se hizo sin sostén institucional ni económico alguno, y solo con el ferviente deseo de entusiastas profesores y el amor por la literatura.         Para quienes compartimos esos arduos e intensos momentos de trabajo tuvo siempre palabras de estímulo y aliento y la idea de que nada sería posible sin el esfuerzo del conjunto. Sabía sacar de cada uno el tesoro oculto, ese prodigio escondido en el fondo de un arcón que la gran sensibilidad de Mignon desempolvaba para concluir embelleciendo las acciones de los otros. No aceptó jamás el desacuerdo entre los integrantes del CEN y creó en cada uno de nosotros la conciencia de grupo humano indisoluble que nos acompaña, creo, todavía.
         A su infatigable tarea docente debe sumarse su desempeño en los consejos editoriales de las revistas Letras de Hoje, (Brasil),  Alba de América (Instituto Literario y Cultural Hispánico)  e Inter Litteras (Facultad de Filosofía y Letras (UBA). La potencia vigorosa de su temperamento permanece en los textos que quedan como testigos de horas de consulta y lecturas interminables. Así, algunos títulos como  16 cuentos argentinos; El discurso indirecto libre en la novela argentina; Cuentos fantásticos hispanoamericano; Estudios de Narratología (ed);  Historia, ficción y metaficción en la novela latinoamericana (ed), Cartas desconocidas de Julio Cortázar, que mereció la faja de honor de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) dan cuenta de una vida consagrada al estudio. Fue autora además de numerosos artículos y ensayos aparecidos en revistas universitarias y en volúmenes especializados sobre Clarice Lispector, Graciliano Ramos, Joâo Ubaldo Ribeiro, Erico Veríssimo, Jorge Amado, Julio Cortázar y Jorge Luis Borges, con quien cultivó una amistad; publicó también dos títulos de creación literaria: El Pucará de los tucos y Tucma.         En muchas ocasiones me he planteado qué significa el CEN para cada uno de los integrantes y quizá la respuesta esté en el gran afecto y desinterés que nos ha unido siempre, el apoyo incondicional frente a los logros del otro y  la mirada fraterna ante los dolores que proporciona la vida. No solo un espacio de trabajo sino una experiencia estimulante de enriquecimiento personal y grupal permitió sostener el legado que quiso dejarnos Mignon. En su lecho de muerte nos pidió a cada uno que no abandonáramos el CEN, que continuáramos con la tarea aún incipiente para lograr ese ámbito amplio y abierto de producción y estudio. Nuestro deseo es que el objetivo de difundir los alcances teóricos de la narratología haya encontrado su cauce en cada congreso, en cada libro y en el blog que los irradia.         Para que el legado continúe, el CEN ha incorporado recientemente a varios jóvenes y brillantes profesores de la Universidad del Salvador, institución que nos ha brindado su apoyo, y que aportan su entusiasmo y generosidad.
         Quiero dedicar este homenaje a mis queridos colegas y amigos del CEN, quienes cumplen con esa lección de humanismo que propiciara Mignon Domínguez, y a alguien que acompañó esta construcción desde los inicios y ya no está con nosotros: la profesora Esther Smith, que está dando sus discursos llenos de ingenio y suspicacia en algún lugar mientras nos mira, ojalá sea así, con aprobación. 

IX Simposio Internacional de Narratología USAL-CEN (RR 48/18)
Homenaje al 25.º aniversario de la creación del CEN “Mignon Domínguez de Rodríguez Pasqués” a cargo de Diana Salem

viernes, 2 de marzo de 2018

Jorge Luis Borges. Entre el tiempo y la eternidad. Cristina Bulacio

Jorge Luis Borges. Entre el tiempo y la eternidad.
Cristina Bulacio.
Tucumán: Edunt, 2016, 196 pág.

No hay dudas acerca de la condición de especialista en Borges de la autora de este texto, ni de la relación que ha entablado con el lenguaje, en su profusa producción de ensayos filosóficos[1]. Con la claridad que el ejercicio de la docencia y la frecuentación con esos textos le han otorgado, la autora entrega al lector un texto elaborado con la sencillez  de alguien que trabaja desde el ámbito del saber, cuestionándose repetidas veces sobre temas esenciales que aquí encuentran su dominio en el lenguaje y la finitud del ser. Si algo caracteriza este texto es su modalidad de  relato, intrínseca a la autora, que presenta los temas filosóficos tal como si se trataran de un cuento, en la línea de estudiosos contemporáneos independientes, como Michael Onfray, sin desechar el rigor metodológico.

Señala en la Introducción, que su intención es la de develar lo que subyace en los textos de Borges, un “buscador de sentidos”, un “espíritu libre”, e instaura para ello, una suerte de compendio filosófico que parte de Platón y la alegoría de la caverna, para atravesar lo que llama el silencio de la metafísica, mientras intenta encontrar una síntesis sobre la fragilidad de la existencia.

Si en anteriores publicaciones, la prosa de la autora nos ha transmitido certezas e incertezas propias del quehacer filosófico que las irradia, todas elaboradas como una clase magistral, esta entrega nos deslumbra con su lenguaje llano y preciso tanto como erudito, por lo cual el lector no puede dejar de detenerse ante la lectura placentera: “Si bien la poesía es auténtico pensamiento en su versión más pura, mucho más precisa, bella y pertinente que cualquier enunciación de un sistema filosófico, creemos que no es errado decir que se trata de un ardid del pensar, de un escamoteo de la inteligencia porque tuvo que enmascararse para perdurar”(30).

Pero es por el lenguaje por lo que Bulacio toma partido al detenerse en dos pensadores contemporáneos como Wittgenstein y Borges, quienes desde la lógica y la palabra poética  conocieron sus límites hasta llegar al silencio. “Los límites de mi lenguaje significan también los límites de mi mundo”, sostiene el pensador en el Tractatus. También para Borges, el silencio del lenguaje ante lo absoluto es haber llegado al reconocimiento de una realidad trascendente, y lo hace a través de la experiencia poética. Algunos poemas de Borges y otros tantos cuentos frecuentados y también no canónicos del autor sirven para ejemplificar el poder metafórico del lenguaje: “Pertenece a esa raza de escritores que desaloja lo cotidiano de la lengua para hacerla resplandecer y conducirla a decir otras cosas” (38).

El juego que propone el título alude a la experiencia fenomenológica del tiempo y su entrecruzamiento con la idea de eternidad  (“esa inconcebible palabra”, según Borges), que es donde radica el gran enigma de la condición humana.

Esta entrega de la Universidad Nacional de Tucumán, que fuera generadora de grandes pensadores, y donde Cristina Bulacio se formó y formó a cientos de jóvenes en los vericuetos de la Antropología filosófica, y que integra la Colección Saberes académicos, constituye un estímulo para quienes quieran adentrarse en una reflexión desde la perspectiva filosófica en los universos  prefigurados en Borges.

Quizá el acierto de este texto esté en no entregar respuestas totalizadoras, en reflexionar durante el acto de escritura, en “ejercitar” el pensamiento para producir ideas fructíferas, que admitan vacilaciones y desencuentros pero que abran el juego a otras vertientes y otras interpretaciones de una obra inagotable como la de Borges.

Diana B. Salem
CEN




[1] Dos miradas sobre Borges (1998); Los escándalos de la razón (2003); De laberintos y otros Borges(2004); Como el rojo Adán del Paraíso (2008); Antropología y arte (2008) son algunas de las publicaciones de Cristina Bulacio

jueves, 16 de noviembre de 2017

CEN presente en la I Jornadas de Reflexiòn sobre Autobiografìa: Escrituras del yo

En el marco de las I Jornadas de Reflexiòn sobre Autobiografìa: Escrituras del yo: Desde la Antigûedad Hasta Nuestros Días, desarrolladas en la Universidad del Salvador los dìas 19 y 20 de octubre, participaron en un panel Diana Salem con un texto titulado Pensar la autoficciòn y Diana Battaglia con Autobiografìa en el teatro.

Ambas intervenciones despertaron gran interés en el pùblico.

Diana Salem y Diana Battaglia
en I Jornadas de Reflexiòn sobre Autobiografìa: Escrituras del yo

lunes, 29 de agosto de 2016

Presentación del libro "Campos de la Narratología. Teoría y aplicación" de Daniel A. Capano

Ponemos a disposición para su descarga la presentación del libro de Daniel Alejandro Capano: Campos de la Narratología. Teoría y aplicación, realizada por Diana B. Salem en el marco del VIII Simposio Internacional de Narratología: “Configuración actual de los campos narratológicos”.

Click en el link para descargar: Presentación del libro de Daniel Alejandro Capano: Campos de la Narratología. Teoría y aplicación. Diana B. Salem - CEN

jueves, 25 de junio de 2015

Presentación de "Bautismo de la memoria" de Daniel Del Percio

La poeta María Paula Mones Ruiz y la licenciada Diana Salem, investigadora del CEN, presentarán el poemario Bautismo de la memoria de Daniel Del Percio, en la Sociedad Argentina de Escritores, Uruguay 1371 (C.A.B.A.), el martes 30 de junio a las 19.

Extendemos la invitación:





jueves, 20 de noviembre de 2014

Todos éramos hijos, de María Rosa Lojo

Todos éramos hijos, de María Rosa Lojo.
Ed. Sudamericana, 247 pág.
Diana B. Salem
CEN
La última novela de María Rosa Lojo, Todos éramos hijos, recupera la memoria de una época crucial en la vida política de la Argentina, y lo hace presentando un testimonio generacional a través de Frik, alter ego de la autora, sus compañeros más cercanos y los profundos cambios a los que se enfrentaban los jóvenes en la década del 70. Novela teatral, está ambientada en los dos primeros actos en los escenarios de dos institutos religiosos de Castelar donde se debaten las conclusiones del Concilio Vaticano II y los principios de la Teología de la Liberación, con protagonistas del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo como el cura Juan Aguirre, profesor  y director de estudios y consejero dramático de la obra que los jóvenes estudiantes van a representar. El tercer acto aborda el ingreso en la Facultad de Filosofía y Letras y las tensiones políticas por las que atravesaba Argentina entrelazadas con la historia personal y los avatares del crecimiento.
La novela tiene connotaciones múltiples desde un título que remite a la obra de Arthur Miller Todos eran mis hijos, que representan los alumnos de ambos institutos al finalizar el bachillerato, hasta la actitud  de no sumisión a los designios del padre que, como en la obra dramática, recorre todo el texto. El sacrificio del hijo planteado por Miller y la responsabilidad de cada uno frente a los hechos, el compromiso ético y la conciencia, más el debate moral son los pilares en los que se asienta la novela de Lojo. La obra fue en verdad representada y decisiva para la formación de aquellos jóvenes y Frik puede hallar sustento real en ciertas experiencias vividas por la autora[1], quien ha expresado que fue reparador escribir la novela, como lo es también la lectura de quienes crecimos en esa década de transformaciones sociales. Como en el texto de Arthur Miller, los hijos juzgan a los padres y políticamente, como un modo de rebelión, se ponen en la vereda de enfrente con respecto a la relectura que esos jóvenes de clase media acomodada hacen del peronismo, contradiciendo la ideología y los métodos de sus mayores.
La experiencia traumática de muchos jóvenes en busca de una identidad transfigurada por las transformaciones políticas, con el marco de una iglesia militante que abogaba por los pobres, en el seno mismo del colegio donde se forman cada día, se explora en Todos éramos hijos desde una perspectiva original que respeta, no obstante, la línea de trabajo que la autora ha seguido en toda su literatura de ficción: examinar la propia intimidad a través de una mirada plural sobre los otros. Ya en Árbol de familia, había recobrado la memoria colectiva en un texto sobre el pasado familiar en conjunción con el pasado de un pueblo. En esta novela, la joven Frik, como sobreviviente de una generación que buscaba la liberación popular y que terminó diezmada, se ve también desde la perspectiva de la mujer madura que evita por momentos volver al pasado porque conoce cuál es el fin del relato, a pesar de “las capas protectoras que el tiempo había ido depositando” (142). Aunque absolutamente involucrada con sus compañeros y la tarea del padre Aguirre con los pobres, Frik no es una militante que cuenta su historia sino una joven que busca comprender una realidad difícil y violenta, comprometida con su evolución personal, con las vacilaciones propias de su edad sumadas a la incertidumbre de una época.
Este es quizá, uno de los textos más íntimos de María Rosa Lojo, una verdadera conjunción  entre el manifiesto generacional y el duelo del crecimiento como hija y como madre. Pero si el testimonio quisiera borrar las huellas de la escritura poética que caracteriza a la autora, detrás de secuestros, desapariciones y muertes, una frase gozosa, una brisa, un momento único devuelve a la novela su sentido primigenio de historia transformada por la vibración del lenguaje:
¿A qué huele la infelicidad? A puertas cerradas y opacas, a persianas bajas, a polvo acumulado sobre los muebles, a zapatos que se tuercen sin que nadie cambie los tacos, a ropa sin lavar, a todo lo que amarillea y se deteriora sin terminar de desintegrarse dentro de cajones ocultos, a los que solo el desdichado tiene acceso (189).
La última parte incorpora una breve obra de teatro “Casandra-Frik habla con los muertos”, tres escenas que traen a la vida a los muertos y desaparecidos en una búsqueda de reconciliación  o, al menos, de voluntad de reparación.
Si la novela tiene una estructura teatral, y allí se representa otra obra dramática como eje de las acciones, el final de tragedia griega completa algunos hilos ocultos de la trama. Frik es una mujer adulta, ahora Casandra, y regresa al escenario donde se representó  Todos eran mis hijos para ser interpelada por los muertos. Como en La pasión de los nómades, uno de los libros de Lojo que más distinciones obtuvo, la autora vuelve a darles la palabra a los muertos para que dejen de ser figuras fronterizas, marginales, y tengan la oportunidad de reencontrarse. La escena segunda termina con Frik y Daniel saliendo del escenario hacia la luz del día, hacia esa opción que eligieron de seguir viviendo.
La escena tercera y final encuentra a Frik sentada en la escuela pero esta vez en una de las sillas del público; en el escenario, la madre que había renunciado a serlo, “más digna de piedad que de temor”, según el Coro, no tiene respuestas. Frik no acusa ni perdona, quiere entender. Al igual que en la escena anterior, no se puede mirar hacia atrás, y en un esperanzador final, la oscuridad del sótano se desvanece en la claridad.
Éste es un texto sobre los hijos, sobre la pelea y disidencia de los hijos con los padres y sobre la comprensión y la piedad que acontece en la madurez. Y también sobre la década de los 70 en la Argentina, un momento político que se ve con poca distancia histórica pero con la suficiente lucidez para transformar nuestra mirada hacia esos jóvenes, tal como lo hace María Rosa Lojo, sin juzgarlos ni condenarlos.



[1] De hecho, en algunas ocasiones y cuando se trata de otros personajes que no son los compañeros, Frik se convierte en Rosa, nombre que comparte con la autora real.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Presentación: "El yugo de la memoria"

El miércoles 21 de noviembre a las 19 en el Museo del libro y de la lengua de la Biblioteca Nacional, Av. Las Heras 2555,  CABA, la Dra. Cristina Bulacio (Universidad Nacional de Tucumán) y la Prof. Diana Battaglia (CEN) presentarán el libro "El yugo de la memoria" de Diana B. Salem, editado por Biblos.
Entrada libre y gratuita.






domingo, 6 de noviembre de 2011

Homenaje de Gente de Letras a Ernesto Sábato

En el XV Encuentro de Poetas, Narradores y Ensayistas, organizado por Gente de Letras, participarán integrantes del Centro de Estudios de Narratología.

En la mesa Ensayo, coordinada por Michou Pourtalé, el jueves 10 de noviembre a las 18 hs, se presentarán los siguientes trabajos:
Zoraida González Arrili: Antes y después de Asturias
Susana Bonifacio: Textos revisitados
Diana Salem: La afasia en los textos de Bianciotti
Diana Battaglia: Teatro-cinema: un nuevo lenguaje

Bartolomé Mitre 1970, 4°B, CABA.

Para más información hay que contactarse con: gente_de_letras@yahoo.com.ar 

domingo, 25 de julio de 2010

Comisión Directiva

Presidente
Daniel Altamiranda

Vicepresidente
Daniel A. Capano

Secretaria
Diana Battaglia

Secretaria de Actas
Zoraida González Arrili

Tesorera
Diana Salem

Secretaria de Prensa y Difusión
María del Valle Manríquez

Vocales Titulares
Susana Bonifacio
Norma Pérez Martín
Gabriela Bárbara Cittadini

Vocales Suplentes
Roxana Gardés de Fernández
María Lucía Puppo

lunes, 10 de mayo de 2010

Publicaciones: libros

  • Estudios de Narratología. Dir. Mignon Domínguez. Buenos Aires: Biblos, 1991
  • Historia, ficción y metaficción en la novela histórica latinoamericana. Editora Mignon Domínguez. Buenos Aires: Corregidor, 1996
  • Narratología y mundos de ficción. Editora Diana Salem. Buenos Aires: Biblos, 2006
  • Narratologías (post)clásicas. Textos literarios, dramáticos y cinematográficos de la cultura contemporánea. Editor Daniel Altamiranda. Buenos Aires: Dunken, 2009

viernes, 10 de agosto de 2007

Variaciones sobre la nostalgia

Variaciones sobre la nostalgia
Una lectura de Héctor Bianciotti
Colección: Teoría y Crítica
Variaciones sobre la nostalgia anuncia, desde la belleza del título, la intensa relación entre música, vida y escritura en Héctor Bianciotti, un aristócrata de la palabra. Dos hallazgos atrapan al lector apenas iniciada su lectura. La escritura tersa, directa, sutil de Diana Salem, invalorable vehículo para ingresar en este autor, y la presencia, no anunciada, de conceptos wittgenstenianos en la lectura que aquí se hace de los textos de Bianciotti. Aquella fructífera idea: las palabras "hacen cosas", del pensador vienés, opera en el trasfondo de Variaciones…Salem ingresa en el corazón de la obra de Bianciotti y, con inteligencia, conduce al lector a capturar los matices de una escritura que, por momentos, cobra espesor de realidad: ya sea en aquel impreciso dolor de la pérdida, o en el misterio de la lejana e inasible tierra. Matices que Bianciotti alcanza en su magistral hacer cosas con el lenguaje, que es lo mismo que decir que escribe para respirar; crea, con palabras, la atmósfera que lo mantendrá vivo. Diana Salem hace de ella el leiv motiv de este libro.

124 pág. | 16 x 23 cm
ISBN: 9789507865763
Año de edición: 2007
1ª Edición